Hoy no me hagais mucho caso

Tengo una confesión que hacer; estoy cambiando.

Nunca he entendido el miedo visceral generalizado a cambiar, o la connotación negativa que muchos pretenden darle en demasiadas ocasiones a lo largo de una vida; “tu has cambiado” como reproche, “yo sigo siendo el mismo que antes” como algo de lo que enorgullecerse, “no voy dejar que tal o cual cosa me cambie” como firme propósito con el que hacer frente a lo inminente. No sé qué pretendemos conservar, francamente. Mi teoría es que durante demasiado tiempo hemos confundido, porque así se nos ha enseñado a pensar, “ser responsable” con “madurar”, “madurar” con “volverse aburrido”, y “volverse aburrido” con “dejar de hacer cosas de adolescente”. Mi hermano mayor es un ejemplo inspirador de lo profundamente erróneo de estos preceptos.

Dejad que os hable un segundo de mi hermano mayor.

Mi hermano mayor es padre primerizo desde finales del pasado verano. Durante toda la vida hemos bromeado respecto al tipo de padre que iba a ser, conjeturando que uno no puede fiarse para reproducirse de un tipo que, tras cerrar un coche antiguo con llave a mano, aprieta la llave y hace “bip bip” con la boca mientras se aleja, aunque no haya nadie para escucharlo. Un tipo que pasó una noche en calabozo por intentar robar un radiador a un coche abandonado para la refrigeración líquida de su ordenador (todavía me pregunto cómo es que de hecho al final lo consiguió). Un tipo que mete lo que estáis pensando en una aspiradora en marcha a ver qué pasa. Un tipo literalmente capaz de olvidar lo que está haciendo mientras lo hace. Pero en el fondo todos sabíamos qué clase de padre iba a ser; un tipo capaz de hacer en casa tres pruebas sorprendentemente científicas diferentes a cinco marcas distintas de pañales para concluir cuál es el mejor para su hija no nata. Algún día mi pequeña sobrina descubrirá la suerte que tiene.

Lo decía como nadie Fuckowski en su inmortal obra, que de nuevo he leído recientemente (con la habitual consecuencia de que mi mundo se vuelto a llenar de la poca luz que había perdido durante un 2009 en parte para olvidar). Madurar, decía él. Frutas maduras. Frutas que se caen del árbol y se pudren en el suelo. Y es que no se trata de madurar. Madurar es sólo una palabra, tan vacía de un significado exacto que dedicar la vida a perseguirlo sólo puede generar frustración. Se trata de que si yo fuera hoy a mis casi treinta años igual que cuando tenía casi veinte, si hubiera evitado cambiar, habría sobrevivido, quizás hasta me habría ido mejor en muhcos aspectos, pero hoy no tendría dentro ni la mitad de lo que tengo, y no sabría apreciarlo ni la cuarta parte. Pretender que la vida no nos moldee es como no salir a disfrutar un día precioso en el campo porque no queremos que el viento nos despeine. Ojalá lo hayáis descubierto ya, o lo descubráis por las buenas.

Y, ¿sabéis en qué sentido estoy cambiando? Quizá en el que menos posible me parecía hace un tiempo. Estoy perdiendo el cinismo.

No la misantropía, no. Ni el sarcasmo entendido como forma de ver la vida. Ni ese extraño placer culpable que encuentro en saborear las cosas grotescas del mundo y de la humanidad. Simplemente, creo que estoy olvidando lo que es la desesperanza tras haberla sufrido durante demasiados años, y tras haberla superado durante unos pocos. Y, por encima de todo ello, se abre camino y se eleva una nueva idea que últimamente no sale de mi cabeza durante más de dos horas seguidas; la vida, amigos míos, es maravillosa.

Si la ciencia tiene razón, estos noventa años que tenemos son una maldita imposibilidad estadística. En un universo a todos los efectos infinito, de entre una cantidad inabarcable e inimaginable de átomos y moléculas, de entre todos los miles de millones de cosas que no conocemos y de entre todas las que no entendemos que a cada segundo suceden, ocurriste. Una chispa de lo que sea que es la vida impregnó una célula, un impulso de lo que sea que es la conciencia se adherió a un trozo de carbono. Eres tan increíblemente pequeño que nada cambiaría si desaparecieses, nada. Si de pronto todo nuestro sistema solar, estas diez puñeteras y ridículas piedras, se esfumasen de pronto mientras nosotros nos felicitamos unos a otros por haber podido tirar un coche teledirigido a la más cercana, no habría ninguna consecuencia para la abrumadora mayoría del resto de cosas que existen. La diminuta galaxia en la que residimos tardaría un instante en adaptarse al cambio, y punto. Y sin embargo, insignificantes, casi inexistentes como somos, se nos ha dado, no me preguntéis por qué, la posibilidad de ver, de oir, de tocar y de sentir. De estar aqui. Tíos, yo no soy religioso, lo que quiere decir que son unas cuantas docenas de años y luego nada. Nada. Ni estar, ni ser. Ni tabaco, ni alcohol, ni XBox, ni padres, ni hijos, ni amigos, ni enemigos, ni Domingos perezosos, ni vacaciones en el campo, ni alegrías, ni decepciones, ni siquiera aburrimiento. No hay segunda oportunidad. ¿En qué ámbito de vuestra vida, dados una sola oportunidad por tiempo limitado para algo maravilloso, os dedicáis a perder tres días discutiendo sobre si la calle Tal hace esquina o no con la calle Cual?

¿Qué significa todo esto? Yo qué sé, no soy mejor que nadie, sólo escribo a medida que me viene. Yo creo que significa que somos imbéciles. Que entre todos hemos descubierto y aplicado la manera más óptima y repugnante de desperdiciar, y entiéndase el significado menos espiritual posible de la siguiente palabra, un milagro. Tiramos casi todas las preciosas horas que tiene el día por el retrete a diario, consciente y deliberadamente. Culpamos a otros, a nuestro jefe, a nuestros políticos, a nuestras familias, al niñato del BMW. La decisión de que las cosas sean como son fue de un montón de gente que ya está muerta; si seguimos adelante es porque, de un modo u otro, queremos. A nivel planetario, deberíamos sacudirnos el barro, como el pájaro de Fuckowski, proclamar a los cuatro vientos que ha acabado la era de la información y ha empezado la de los sentimientos, o alguna movida hippie así. Volver a cultivar la tierra, beber del río, cuidar los unos de los otros. Disfrutar el milagro, en vez de dedicar el poco tiempo que tenemos a tener miedo unos de otros, odiar a quienes no conocemos, desconfiar de los que conocemos y comprar cada vez más y más mierda que no necesitamos.

Por mi parte, y de momento, estoy satisfecho del cambio que se está operando en mí, más allá de la reflexión consciente. No hace mucho vi dos cosas muy distintas en un mismo día. A primera hora, sonreí viendo los coches aparcados en mi ciudad bajo la nevada, y observando que algunos estaban totalmente cubiertos de nieve, y otros totalmente cubiertos de nieve salvo en el capó, caliente tras haber estado el motor en marcha. A última hora, vi en mi cuenta corriente que mi banco me había cobrado una comisión de 20 euros por retrasarme unos días en el pago de un recibo de apenas 35. Puedo asegurar que el absurdo júbilo que me provocó lo primero fue superior al importante cabreo que me provocó lo segundo. A este ritmo, estoy seguro de que, algún día, me creeré todo esto de una forma tan profunda, inconsciente e incondicional, que, como mi niña, lloraré al ver en la televisión imágenes como las de estos días en Haiti.

El hastío. La avaricia. Los complejos. Los prejuicios. Los pequeños conflictos con la gente a la que queremos. Creedme. A vuestro alrededor, cada día suceden mil cosas increíblemente hermosas y doscientas increíblemente terribles, y no prestamos la debida atención a ninguna porque todas ellas están sepultadas bajo una montaña de paja pueril e innecesaria que estamos acostumbrados a que no nos deje ver. Yo confío en que algún día, como raza, aprenderemos a verlas, y condicionaremos nuestra vida a ellas. Mi consejo hasta entonces es que empecéis por fijaros en las sonrisas de los que os rodean.

Fijaos de verdad.

18 Comentarios a “Hoy no me hagais mucho caso”

  • Willy Galleta dice:

    No podría haberlo explicado mejor.
    ¿Pero sabes qué? Todo eso de el hastío, la avaricia, los prejuicios, los conflictos… Toda esa mierda que inunda las calles, y la basura que nos bombardea en la televisión. Todo es también parte de la humanidad, parte del milagro, y no hace más que acentuar las cosas buenas del mundo.
    Entre toda la podredumbre (que, por cierto, también es un proceso fascinante), entre todo el mal que se reinventa y regenera exponencialmente, siempre se mantienen perlas de lo bueno. Da igual lo que pase, siempre hay algo bueno. Y viceversa. El mundo se equilibra solo.

    Y habrá que ver lo que nos depara el futuro de la ciencia antes de decir que tenemos sólo noventa años por delante. Bien podrían ser bastantes más de cien. =)

  • Mei dice:

    Pues hoy, fijatetúquecosas, es cuando más te tenemos que hacer caso. Un Plas plas enorme.
    Voy, me pongo el sombrero y me lo quito ante tí. Un texto inspirador.

  • Megachix dice:

    Jamás me había sentido tan feliz de vivir “fuera de la realidad”, como dicen algunas personas, como en esta etapa de mi vida. Lo cierto es que se vive mucho mejor en un mundo en el que se es capaz de apreciar la belleza de las cosas pequeñas y se es feliz con muy poquito, y ya nadie conseguirá convencerme de lo contrario o de que pensar así es de personas inmaduras.

    Y me encanta ir de la mano por la vida con alguien como tu. Estoy orgullosa de nosotros.

  • Fadri dice:

    :)

  • Fadri dice:

    “:)” a todo.
    Y más lento o más rápido el cambio es parte intrínseca de la naturaleza misma del Universo, ¿por qué no íbamos a tener que hacerlo nosotros que simplemente estamos ahí dentro flotando? xD
    Embrace change!

  • Koopa dice:

    Amén, colega, amén.

    Poco tengo que decir respecto a esta pequeña inyección de optimismo y buenrollo que has creado. Reflexiones sobre lo que mola vivir en pequeñas cápsulas! =)

  • Elfangor dice:

    Jo, con el “Tengo una confesión que hacer; estoy cambiando.” creía que ibas a confesar que eras mutante. Que decepción.

    Es coña xDDD Mola el texto, si señor. Me remito a los comentarios de otra gente, que hablan mejor que yo.

    Aunque… lo que habría molado que fueras mutante, oye xDDD

  • Draug dice:

    Por como los Monty Python decían, “always look on the bright side of life”. Porque aunque la vida te parezca una mierda, no todo es un asco, también hay cosas buenas y hay que saber apreciarlo todo.

    Es verdad que muchas veces nos centramos más en lo malo que en lo bueno, pero las cosas cambian para unos cuantos, cuando ven qué es lo que hay que valorar.

    La vida es así de extraña y fascinante.

  • Dasse dice:

    Cuando lei “Estoy cambiando” crei que ibas a decir algo como “Ya no me interesan los webcomics” me tenias con el corazon en la boca.
    Y me vienes con esto, no todos los dias se lee o escucha “Eh, la vida es maravillosa, dejate de j*der”.

    PD: Curioso, justo estos dias venia pensando “¿Como seria NADA de NADA de NADA?” la mejor respuesta “Un bajon”

  • Shinzo dice:

    estoy de acuerdo con lo que dices y a la vez no lo estoy del todo, fíjate tú que jodío soy. Muchas veces, al pasarme horas buscando cosas que realmente no necesito, me he dicho a mi mismo que sería mucho más feliz pescando el atún en una cabaña de madera en Costa Rica, por ejemplo. Pero dentro de esa situación hay un par, sino muchas, contradicciones. Lo primero es que puedo ver lo innecesarias que se han vuelto muchas de nuestras costumbres porque he crecido con ellas, he nacido dentro de un sistema infinitamente más privilegiado que otro. Me puedo permitir el lujo de disfrutar de las cosas sencillas cuando sé que al volver a casa esta estará a unos cómodos 24 grados y podré encender el gas para prepararme un buen filete.

    Lo segundo, y creo que es lo más importante, es que cuando ya no podemos echarle la culpa a los demás, nos damos cuenta de que estamos solos. Todo depende de nosotros, para bien o para mal, todo lo que suceda en nuestras vidas es únicamente responsabilidad nuestra. Y ahí, amigo, ahí preferimos comprarnos el plasma de 60 pulgadas ya, por si 2012 se nos lleva a todos por delante.

  • Shinzo dice:

    Había escrito algo de mejor calidad pero se me ha borrado X_X En conclusión creo que nos tiene que quedar únicamente el estar con vida para poder empezar una nueva, una realmente nueva.

  • Sr. Mejillón dice:

    Qué bien expresado. Pero aunque son en su mayor parte pensamientos positivos, a mi me dejas la sensación de que estoy haciendo algo mal. ^^

    P.D: Saludos al expresidiario.

  • Animally dice:

    Al fin te has dado cuenta. Ya lo decían en la Vida de Bryan, la vida es una mierda cuando la miras, pero bueno, cuando se acabe lo menos que puedes hacer es despedirte con una sonrisa, vinimos de la nada, y acabaremos allí otra vez.

    La etapa dolororida, eso de que yo soy el que mira y el resto el que actua mal, es algo que pasa mucha gente. Lo malo es que solo nos fijamos en lo malo. Incluso las personas que no pasan por esta fase (que no creo que las haya), tienen esa necesidad de ver los errores ajenos, y de no ver los aciertos ajenos.

    Esperemos que esta etapa (porque es una etapa) te sea duradera. Luego vendrá de nuevo el pesimismo y tu viejo yo, y luego de nuevo volverás a ver más colores. Al menos, eso es lo que me pasa a mi.

    PD: Ah, y no creas que no me he fijado en la referencia que haces al Club de la Lucha xDD

  • Lograi el Luciérnago dice:

    Joder, qué grande eres…
    Que sepas que he empezado a releerme lo de Fuckowski.
    Por cierto, “Un tipo que mete lo que estáis pensando en una aspiradora en marcha a ver qué pasa.” ¿Y qué es lo que pasa?

  • Marja dice:

    Si que es maravillosa, es dificil no darse cuenta, por cínico que seas, XD.
    Hubo unos años en que dejé mi optimismo innato ahogándome en las responsabilidades y la autocompasión.
    Me arrepiento de haber abandonado al niño que fui, pero de alguna manera ese cambio me ayudó porque he aprendido de ello.
    De modo que ahora intento equilibrar a ese niño ingenuo y fantasioso con el hombre apaleado y arrogante en el que me convertí.
    Les tengo cierto cariño a los dos (sin llegar al onanismo), pero tengo curiosidad por ver en que me convertiré ahora…

    Y… Lograi, eso no se pregunta. Se prueba.
    wuuuOOOOssssHHHH….

  • Zelgadis1983 dice:

    Claro qué si! La vida hay que vivirla y disfrutarla! Con lo corta que es no merece la pena comerse la cabeza por nada. Siempre hay que tirar para adelante con lo que se tenga. Qué muchas veces tenemos más de lo que creemos y no nos damos cuenta. Siempre vemos más verde el jardín del vecino. Un abrazo! ;)

  • Azote Bezerro dice:

    En fin… tampoco le des más vueltas, porque lo que tú consideras cambios no es más que un lógico proceso de evolución. No cambias, sólo eres cada vez más un producto de ti mismo. Este mismo ejercicio de autoanálisis que acabas de realizar no es nada extraño en tí, sólo que el planteamiento es quizás algo novedoso, pero, por otra parte, inevitable. Después de años siendo quién eres, orgulloso de serlo, satisfecho con tu vida (o no) y con tus logros ( o no), siempre llega un día en que todo se cuestiona. Entonces descubres que los objetivos quizás no eran tan profundos, pero eran válidos, muy válidos.
    Una vez me dijiste (más o menos) que todas las personas interesantes que habías conocido habían sufrido cambios debidos a pararse a pensar en sí mismos. La gente con cabeza, con ideas, con ganas de beberse la vida, piensan en sí mismos, se buscan y se encuentran, posiblemente cada vez en sitios distintos. No pares de hacerlo, aprovecha este momento de lucidez máxima y saca de tí más hermosura de la que nunca hayas sacado, y me consta que es mucha.
    Ah, y bienvenido a “esa” edad… Tú llegas a ella aprendiendo. Otros olvidan su pasado y, con él, a sí mismos. Un beso.

  • Mr.X dice:

    He sido feliz siempre.

    ¿Es grave?

Deja un comentario